El pasado fin de semana se celebró la cuarta edición del festival Cultura Urbana dedicado al Hip Hop en sus cuatro vertientes (Graffiti, Breakdance, Turntablism y la que tiene mas representación en el festival, la música Rap), con un color un tanto deslucido. A las cancelaciones de última hora de artistas internacionales, se sumó la lluvia intermitente, la escasez de actividades paralelas a los conciertos y pocas novedades sobre los escenarios. Pese a ello, más de 30,000 asistentes vibraron con la flor y nata del rap patrio y algunos representantes de lo mejor de fuera de nuestras fronteras.
Nada auguraba el éxito de aquellos 30 y 31 de Mayo en San Sebastián de los Reyes. A los problemas normales a este tipo de eventos como abonos algo caros, colas interminables, bebidas a precios prohibitivos o personal de seguridad grosero, se sumaron otros menos habituales. En primer lugar, por problemas con el Ayuntamiento de Madrid, el Cultura Urbana se desplazó al parque de la Marina de San Sebastián de los Reyes, localidad de la periferia Norte que aunque se encuentre a apenas 20 km de la Puerta del Sol, está virtualmente a hora y media en metro del centro de la capital, como pudieron comprobar los que no tenían coche ni moto.
Pero quizás la más importante, la incapacidad de la organización para traer a los artistas que anunciaban en el cartel a bombo y platillo. Si el año pasado ya consiguieron que la gente se mosquease por la ausencia de última hora de Nas, éste año fue por partida doble. Se anunció la actuación de EPMD, un dúo legendario de Long Island y efectivamente salieron dos personas al escenario, pero sólo una de ellas era integrante del grupo. La otra era un puertorriqueño suponemos que amigo de la familia, que entre rapeo y rapeo lanzaba comentarios en Spanglish a un público confuso “¿Quién es ese?” “¿Parrish Smith ha aprendido a hablar castellano?”
Pero la mayor decepción del Festival fue probablemente la de The Game. El rudo rapero de los guettos de Los Ángeles era el cabeza de cartel del Cultura Urbana 2008. Recientemente, The Game fue condenado a 2 meses de cárcel por apuntar a la cabeza con una pistola sin licencia durante una pelea en medio de un partido de baloncesto en un instituto. Pese a ello los organizadores pagaron por adelantado al artista y no tardaron en poner su nombre antes que el de cualquier otro rapero y en letras grandes en el cartel del evento. El viernes llegó la sorpresa, BOA hizo público que el juez del condado de Los Ángeles no le permitía abandonar el país y que The Game no actuaría el sábado. La productora ya ha decidido tomar medidas legales contra el rapero de Compton para recuperar el dinero de la contratación, pero de momento no anuncían devoluciones para los que pagaron por verle. En sustitución trajeron a J-Ro, un integrante no muy conocido y prácticamente jubilado de los ya disueltos The Alkaholiks. Salvando las distancias, y sin cargar toda la culpa a los organizadores, fue como si sustituyeran a Radiohead por el batería del grupo que teloneaba a REM
Los mejores de éste un tanto desangelado Cultura Urbana fueron Talib Kweli el viernes e Immortal Technique el sábado. Las maneras de estrella de Kweli, sus gestos para los fotógrafos del foso, sus molinetes con el pie del micro que recuerdan más a Mick Jagger que a cualquier otro MC, las exhibiciones con la lengua más rápida de Brooklyn y sus brillantes y elegantes letras que destrozan el tópico de que el Rap americano sólo habla de prostitutas, chulos y coches de lujo…. Estuvo sencillamente GRANDE y demostró por qué en Estados Unidos los críticos le consideran el mejor rapero del país en la actualidad. El público en cambio estuvo tibio hasta que el pobre Kweli, sudando como un pollo por el esfuerzo e imagino que desconcertado por el frío recibimiento, soltó un tembloroso “crasias”. En ese momento el público rugió como si quisiera que el cielo de San Sebastián de los Reyes cayese sobre sus cabezas, dando al asunto un aire de película de Berlanga.
Algo similar pasó con Immortal Technique el día siguiente. Felipe Coronel de origen peruano pero criado en Harlem, y el máximo exponente del rap combativo y político, consiguió más calor del auditorio con sus “¡Viva la Revolusssión!” entre tema y tema, que con sus propias canciones sobre el anti-corporativismo o la responsabilidad de George W.Bush en los atentados del 11 de Septiembre, que pocas personas corearon y que no sirven precisamente para bailar.
Aún así el público demostró claramente sus preferencias: las cosas exóticas y cosmopolitas están muy bien, pero lo que quería de verdad eran canciones que se supiese de artistas que conociera; así que Nach, Falsalarma y Violadores del Verso reventaron los confines del anfiteatro del parque de la Marina tal y como estaba previsto. Cualquiera de los grupos lleva una larga trayectoria en el Hip Hop y están en cualquier Top 5 del Rap en español de la actualidad. Se saben su papel a la perfección y son capaces de hacer directos potentes ofreciendo lo justo y sin demasiadas sorpresas.
Nach el viernes después de repasar una larga serie de éxitos de su carrera, presentó algunos temas nuevos de su reciente LP “Un día en Suburbia”. Pueden echársele en cara muchas cosas: la falta de humildad, su dogmatismo o la irritante costumbre de cambiar las bases de sus temas míticos; pero el rapero alicantino dio una lección de cómo hacer un directo, rapeando delante de 20.000 personas con la voz completamente rota entre canción y canción, pero que sonaba a versión de estudio cuando le acompañaban los bombos y cajas.
Falsalarma bien, gracias. Los de Sabadell, son el máximo exponente de la Primera de Ley de Newton: En la ausencia de fuerzas exteriores, todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que actúe sobre él una fuerza que le obligue a cambiar dicho estado. Los rectilineos y uniformes Tito y Santo llevan haciendo lo mismo varios años sin que parezca que su movimiento les lleve a ninguna parte. Nadie sabe muy bien qué hacen ni por qué son buenos y hasta que la audiencia se amotine, no van a cambiar. La tarde de un sábado en el Cultura Urbana no era el momento para la revuelta: el aforo estaba encantado de desgañitarse con sus estribillos y romper sus cuellos con los beats de DJ Neas, sin entrar en consideraciones que seguramente sólo inquietan a éste cronista.
Pero los que verdaderamente triunfaron en Cultura Urbana fueron Violadores del Verso. Llevan actuando en éste festival desde su primera edición, y son se mire desde donde se mire, el mejor grupo de Rap en castellano y también uno de los más veteranos. No importó que lleven dos años sin sacar un disco, o que su música suene de todo menos a comercial: los “Fantastic Four” de Zaragoza hicieron saltar y vibrar a la multitud congregada en el escenario Heineken, con sus temas sobre el alcohol, las inseguridades adolescentes o abandonándose a la poesía cada vez más críptica, cada vez de mayor calidad, de Kase-O, el antaño enfant terrible del Rap en castellano y cada vez más cerca de convertirse en el Bukowski del movimiento.
En las algo escasas actividades paralelas a los conciertos, MC Klopedia se impuso en la Batalla de Gallos y estará en la final nacional en Barcelona. Un torneo de breakdance en el mismo escenario Red Bull, así como un deslucido espacio dedicado al graffiti, donde varios artistas pintaron un pequeño avión de la compañía Vueling, fueron algunas de los otros actos paralelos a los conciertos.
En conclusión, un Festival escaso, que ofrece al público lo que de verdad quiere, pero que para siguientes ediciones necesita evolucionar y ofrecer cosas distintas a lo de siempre. Los organizadores creen haber encontrado la fórmula para por un precio cercano a los 60 euros congregar a multitudes: anunciar a artistas internacionales que acaban fallando, contratar a los artistas punteros del rap en castellano para que hagan lo de siempre, y exprimir la santa paciencia del público que aguantará lo que sea (colas, horas en el Metro, cañas de cerveza a 5 euros en el recinto del que era materialmente imposible salir y volver a entrar) con tal de ver a sus adorados Nach o Violadores del Verso. Una ecuación que garantiza el éxito económico y de público, pero que aguijonea un movimiento cultural que necesita apoyos públicos y subvenciones como respirar (al igual que el resto de estilos musicales) si no quiere caer en la comercialización y la pobreza de ideas.
Crónica realizada por Ramón Roca. Fotos por Keiza.